Acariciar y ser acariciado, amar y ser amado, es la esencia fundamental de la existencia.

El poder de una caricia, de lo que representa, lo que significa para nosotros y lo que nos aporta en cada momento de nuestra vida. De como las caricias pueden elevar nuestro estado de ánimo, hacer crecer nuestra autoestima, al sentirnos valorizados en ese acariciar y ser acariciado, en amar y ser amados, en dar y recibir continente afectivo.

Un continente que nos contiene y nos hace entrar dentro de nosotros para encontrarnos y reconocernos, en ese umbral donde me permito vivir mi corporeidad. A través de ese contacto a flor de piel, donde la caricia es la expresión de la emoción y del sentimiento en movimiento.

La caricia es presencia, cualidad de vínculo donde hay un contacto presente, una información en feed-back, de reciprocidad y de forma progresiva. Llena de respeto para no invadir ni ser invadido, sin víctimas ni victimarios, donde hay un flujo de placer en el deseo de darla y en el deseo de recibirla. Las caricias llenas de sensibilidad y ternura nos dan vida y esplendor.

Nuestra piel es el órgano más grande de nuestro cuerpo y no solo sirve para separarnos, sino también para unirnos a los otros, fundirnos con los demás y tener la maravillosa vivencia de estar vivos.

Acariciar y ser acariciado refuerza nuestra identidad, es la manifestación de ese ser de amor que somos y por tanto nos envolvemos en esa afectividad donde la vida se torna floreciente. Sobre todo porque cuando no se produce ese acariciamiento y caminamos desprovistos de afecto, enfermamos y nos marchitamos, poco a poco vamos muriendo cada día.

Sin darnos cuenta de que solo tenemos que amarnos para resurgir, sentir el placer y la alegría de vivir.

beassertive AdministratorKeymaster
Psicologia / Neurociencia

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