“Alicia se daba por lo general muy buenos consejos a sí misma (aunque rara vez los seguía)”.

-Lewis Carroll

Durante nuestra infancia somos capaces de volar, de luchar contra el mal en cada momento del día y convertirnos en nuestra caricatura o personaje favorito. Nuestra mente es un hervidero de imaginación y muchas veces nos encontramos en el estadio más grande del mundo, venciendo a los mejores jugadores cuando en realidad estamos en la calle jugando con nuestros amigos. Buscar la irrealidad es una de las actividades favoritas del ser humano, quizá porque nos sentimos como la única especie capaz de hacerlo o por el placer que provoca reflejar todo lo que queremos en una imagen que no es real pero se asemeja demasiado a nuestro mundo. Dedicamos parte de la existencia para colocarnos en escenarios imaginarios que viven sin tiempo ni espacio en una irrealidad en la que nuestra vanidad y deseo son auténticos regidores de todo.

Cuando envejecemos, esos planos imposibles se vuelven más parecidos a la realidad. Tristemente dejamos de volar o tener súperpoderes para fantasear con aspectos más comunes de nuestra vida, situaciones que no sucederán pero podrían llegar a concretarse. Es por eso que los libros infantiles son tan importantes para los adultos, pues nos hacen recordar que ese mundo fantástico continúa entre nosotros, y para aprender lo que la vida marcada por una sociedad reglamentada y analítica ha dejado en nosotros. Quizás el más importante de los libros infantiles sea Las Aventuras de Alicia en el país de las Maravillas.

Charles Lutwidge Dogson, mejor conocido por su seudónimo Lewis Carroll, fue el creador de este libro en el que un mundo fantástico se desvela ante una niña que cae por un agujero después de seguir a un peculiar conejo. La fascinación por el libro no es casualidad. Carroll, además de ser un prolífico escritor, también fue lógico y matemático. Es esa peculiaridad la que insertó en su obra al crear personajes y conversaciones que parecen no tener sentido pero que en verdad son inteligentes juegos de lógica que retan la realidad. Las siguientes frases del famoso libro de Carroll abrirá tu mente a esa realidad posible a través de la imaginación.

“Todo tiene una moraleja, sólo falta saber encontrarla”.

“¿En qué se parece un cuervo a un escritorio?”

“Alicia estaba ya tan acostumbrada a que todo cuanto le sucediera fuera algo extraordinario, que le pareció de los más soso y estúpido que la vida siguiera por el camino normal”.

“¡Supongo que ahora encontraré mi castigo, ahogándome en mis propias lágrimas!”

“¡No estoy loco! Mi realidad es simplemente diferente a la tuya”.

“Empieza por el principio, y sigue hasta llegar al final; allí te paras”.

“Y cuando termines de hablar…¡te callas!”.

“¿Podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
-Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar -dijo el Gato.
-No me importa mucho el sitio… -dijo Alicia.
-Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes -dijo el Gato.
– … siempre que llegue a alguna parte -añadió Alicia como explicación.
– ¡Oh, siempre llegarás a alguna parte -aseguró el Gato- si caminas lo suficiente!”

“¡Vaya! -se dijo Alicia-. He visto muchísimas veces un gato sin sonrisa, ¡pero una sonrisa sin gato! ¡Es la cosa más rara que he visto en toda mi vida!”

“ Llamar a la puerta serviría de algo -siguió el lacayo sin escucharla-, si tuviéramos la puerta entre nosotros dos. Por ejemplo, si tú estuvieras dentro, podrías llamar, y yo podría abrir para que salieras, sabes”.

“¡Oh, mis pobrecitos pies! ¡Me pregunto quién les pondrá ahora los zapatos y los calcetines! ¡Seguro que yo no podré hacerlo! Voy a estar demasiado lejos para ocuparme personalmente de ustedes. Tendrán que arreglárselas como puedan… Pero voy a tener que ser amable con ellos- pensó Alicia -,¡o a lo mejor no querrán llevarme en la dirección en que yo quiera ir! Veamos… les regalaré un par de zapatos nuevos todas las navidades. Tendrán que ir por correo. ¡Y qué gracioso será esto de mandarse regalos a los propios pies! ¡Y qué chocante va a resultar la dirección!”

“- Hasta ahora no he tomado nada -protestó Alicia en tono ofendido-, de modo que no puedo tomar más.
– Quieres decir que no puedes tomar menos -puntualizó el Sombrerero-. Es mucho más fácil tomar más que nada.
– Pero es que a mí no me gusta tratar a gente loca.
– Oh, eso no lo puedes evitar. Aquí todos estamos locos. Yo estoy loco. Tú estás loca.
– ¿Cómo sabes que yo estoy loca?
– Tienes que estarlo, o no habrías venido aquí”.

“Si conocieras al Tiempo tan bien como lo conozco yo -dijo el Sombrerero-, no hablarías de matarlo. ¡El Tiempo es todo un personaje!”

“La teoría del verdugo era que resultaba imposible cortar una cabeza si no había cuerpo del que cortarla; decía que nunca había tenido que hacer una cosa parecida en el pasado y que no iba a empezar a hacerla a estas alturas de su vida”.

“Creo que sí, estás demente. Pero te diré un secreto: las mejores personas lo están”.

“¡Qué extraño es todo hoy! ¡Y ayer sucedía todo como siempre! ¿Habré cambiado durante la noche? ¿Pero si no soy la misma, el asunto siguiente es ¿quién soy? ¡Ay, ese es el gran misterio!”

“Es una pobre clase de memoria que sólo funciona hacia atrás”.

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beassertive AdministratorKeymaster
Psicologia / Neurociencia

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