La elaboración de un criterio de salud es el único punto de partida posible para proponerse cuales han de ser las características básicas necesarias en el siglo actual y sus posibles evaluaciones de las estructuras asistenciales vigentes. También es de un orden prioritario el conocimiento de las situaciones en las que las instituciones están trabajando y en las bases fundamentales que se apoyan para su posible reformulación en la formación de los trabajadores del campo en la salud mental, ya que esto es imprescindible para la instrumentación de una práctica que transforme verdaderamente al trabajador, (agente de salud), al paciente y al medio;

 EN EL TRABAJO DE ASISTENCIA SANITARIA – EDUCACIONAL, SOCIAL, ASISTENCIAL…

Las distintas categorías utilizadas habitualmente, para abordar el problema de la “salud”, de lo “normal” y lo “patológico”, sería entrar en un terreno equívoco, ambiguo, lleno de indefiniciones o definiciones contradictorias.

El análisis de los distintos criterios y definiciones de salud, y de las formas de organización y asistencia que inspiran o justifican ciertas actuaciones, nos remite a sus puntos de partida, es decir, qué posición ideológica los sostienen.

Toda definición, toda teoría de la salud y enfermedad implica y reenvía a una concepción del sujeto, del mundo y de la historia que la fundamenta.

Según las características de concepción  se elaborarán los criterios de “normalidad” y “anormalidad”.

Ciertas posiciones teóricas, hay que tomar para que en la formación de trabajadores en el campo de la salud, educación, etc. no caigan en planteamientos que disocian los principios teóricos y campos concretos.

Los planes de estudio, igual que los asistenciales, etc., etc., no pueden desconocer ni escamotear la realidad social en la que ha de desarrollarse la tarea de asistencia, formación  y prevención. para eso es necesario tener en cuenta esos  conocimientos básicos donde se fundamentan los descubrimientos que cumplen el rigor teórico que SE FORMULA EN FREUD Y LACAN CON FREUD.

Según como sea el modo de pensar la enfermedad y la salud, va a tener  consecuencias en los tratamientos, en  el pronóstico y algo muy importante para  cualquier estado, para cualquier comunidad, en la prevención de la enfermedad.

La invención de la psicoterapia


La curación de los males humanos por medio de la palabra cuenta con una larga tradición. Platón, que puede prácticamente ser considerado el inventor de la psicoterapia, en muchos de sus escritos hace ya refe-rencia a ello. Para Platón la palabra (epodé), que hasta este filósofo se entendía como conjuro o ensalmo, pero que, a partir de él fue “racionalizada” y convertida en logos kalos (“bello discurso” o “mito”), era verdade-ramente capaz de proporcionar de suyo salud al alma y al cuerpo, provocando una actitud imbuida de “so-frosine”, la cual se consideraba una mesurada y lúcida compostura con respecto a todo aquello que forma el alma humana: creencias, saberes, sentimientos, e im-pulsos. Y “sofrosine” era, además, “kosmos” y un “adecuado orden y dominio de los placeres y los ape-titos”. De manera específica, Platón afirma, en su diálogo “Cármides”, que:

“Bajo la acción de la palabra que en-canta”, el alma del oyente, y, consecuentemente, su cuerpo, y ello en la medida de lo posible, claro está, “se serenan, esclarecen y ordenan”

, es decir, se “so-fronizan”. Y todo esto de forma “natural”, por la mera virtud que tiene en sí lo que se dice, y por la disposi-ción personal de quien oye eso que se le dice. Esta disposición personal supone entrega, ofreci-miento y confianza en fe. De ahí que la disposición del que emita la “epodé” haya de ser de idoneidad en su logos kalos, esto es, en cuanto que su contenido y su forma se hallen rectamente encaminados a la peculia-ridad y a la situación concreta del alma “paciente”. Así, de forma resumida, la palabra oportuna, uni-da a la disposición del que la recibe, produce un esta-do de purificación (katarsis) que resulta en un equili-brio intelectual, emotivo y actitudinal.

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Psicologia / Neurociencia

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