Yo investigaba los mecanismos cerebrales implicados en la depresión y en la ansiedad.

…Y acabó fundando el Centro de Investigación de Mentes Saludables.

Cuando estaba en mi segundo año en Harvard se cruzó en mi camino la meditación y me fui a la India a investigar cómo entrenar mi mente. Obviamente mis profesores me dijeron que estaba loco, pero aquel viaje marcó mi futuro.

…Así empiezan las grandes historias.

Descubrí que una mente en calma puede producir bienestar en cualquier tipo de situación. Y cuando desde la neurociencia me dediqué a investigar las bases de las emociones, me sorprendió ver cómo las estructuras del cerebro pueden cambiar en tan sólo dos horas.

¡En dos horas!

Hoy podemos medirlo con precisión. Llevamos a meditadores al laboratorio; y antes y después de meditar les tomamos una muestra de sangre para analizar la expresión de los genes.

¿Y la expresión de los genes cambia?

Sí, y vemos como en las zonas en las que ha-bía inflamación o tendencia a ella, esta des­ciende abruptamente. Fueron descubrimientos muy útiles para tratar la depresión. Peroen 1992 ­conocí al Dalái Lama y mi vida cambió.

Un hombre muy nutridor.

“Admiro vuestro trabajo, me dijo, pero considero que estáis muy centrados en el estrés, la ansiedad y la depresión; ¿no te has planteado enfocar tus estudios neurocientíficos en la amabilidad, la ternura y la compasión?”.

Un enfoque sutil y radicalmente distinto.

Le hice la promesa al Dalái Lama de que haría todo lo posible para que la amabilidad, la ternura y la compasión estuvieran en el centro de la investigación. Palabras jamás nombradas en ningún estudio científico.

¿Qué ha descubierto?

Que hay una diferencia sustancial entre empatía y compasión. La empatía es la capacidad de sentir lo que sienten los demás. La compasión es un estadio superior, es tener el compromiso y las herramientas para aliviar el sufrimiento.

¿Y qué tiene que ver eso con el cerebro?

Los circuitos neurológicos que llevan a la empatía o a la compasión son diferentes.

¿Y la ternura?

Forma parte del circuito de la compasión. Una de las cosas más importantes que he descubierto sobre la amabilidad y la ternura es que se pueden entrenar a cualquier edad. Los estudios nos dicen que estimulando la ternura en niños y adolescentes mejoran sus resultados académicos, su bienestar emocional y su salud.

¿Y cómo se entrena?

Les hacemos llevar a su mente a una persona próxima a la que aman, revivir una época en la que esta sufrió y cultivar la aspiración de librarla de ese sufrimiento. Luego ampliamos el foco a personas que no les importan y finalmente a aquellas que les irritan. Estos ejercicios reducen sustancialmente el bullying en las escuelas.

De meditar a actuar hay un trecho.

Una de las cosas más interesantes que he visto en los circuitos neuronales de la compasión es que la zona motora del cerebro se activa: la compasión te capacita para moverte, para aliviar el sufrimiento.

Ahora quiere implementar en el mundo el programa Healthy minds (mentes sanas).

Fue otro de los retos que me lanzó el Dalái Lama, y hemos diseñado una plataforma mundial para diseminarlo. El programa tiene cuatro pilares: la atención; el cuidado y la conexión con los otros; la apreciación de ser una persona saludable (encerrarse en los propios sentimientos y pensamientos es causa de depresión)…

…Hay que estar abierto y expuesto.

Sí. Y por último tener un propósito en la vida, algo que está intrínsecamente relacionado con el bienestar. He visto que la base de un cerebro sano es la bondad, y la entrenamos en un entorno científico, algo que no se había hecho nunca.

¿Cómo se puede aplicar a nivel global?

A través de distintos sectores: educación, sanidad, gobiernos, empresas internacionales…

¿A través de los que han potenciado este mundo oprimido en el que vivimos?

Tiene razón, por eso soy miembro del consejo del Foro Económico Mundial de Davos, para convencer a los líderes de que hay que hacer accesible lo que sabe la ciencia sobre el bienestar.

¿Y cómo les convence?

Mediante pruebas científicas. Les expongo, por ejemplo, una investigación que hemos realizado en distintas culturas: si interactúas con un bebé de seis meses a través de dos marionetas, una que se comporta de forma egoísta y otra amable y generosa, el 99% de los niños prefieren el muñeco cooperativo.

Cooperación y amabilidad son innatas.

Sí, pero frágiles, si no se cultivan se pierden, por eso yo, que viajo muchísimo (una fuente de estrés), aprovecho los aeropuertos para enviar mentalmente a la gente con la que me cruzo buenos deseos, y eso cambia la calidad de la experiencia. El cerebro del otro lo percibe.

Apenas un segundo para seguir en lo suyo.

La vida son sólo secuencias de momentos. Si encadenas esas secuencias, la vida cambia.

El mindfulness es hoy un negocio.

Cultivar la amabilidad es mucho más efectivo que centrarse en uno mismo. Son circuitos cerebrales distintos. A mí no me interesa la meditación en sí misma sino cómo acceder a los circuitos neuronales para cambiar tu día a día, y sabemos cómo hacerlo.

 Cuando volvió de su viaje por Asia, se dio cuenta de que las tradiciones contemplativas ofrecían a las ramas de la psicología, medicina y neurociencia grandes aportaciones que debían ser investigadas y abordadas de manera rigurosa.

 El Dr. Davidson fue un alumno destacado a lo largo de su carrera y comenzó a estudiar el cerebro y las emociones. Aunque a los inicios todos sus maestros y compañeros de Harvard le aconsejaban no estudiar las implicaciones de la meditación en el cerebro, él seguía su formación en meditación. “Veinte años después mi vida cambio”, afirma. En 1992 conoció a Su Santidad el XIV Dalai Lama junto con un pequeño grupo de investigadores en Dharamsala. En sus conversaciones reflexionaron que, hasta ese momento, se había utilizado la ciencia para estudiar estados mentales negativos (ansiedad, miedo, depresión….). “El Dalai Lama nos preguntó ¿Y por qué no utilizar esa misma ciencia para estudiar elAMOR, la amabilidad y la compasión?”, confiesa Davidson. Desde ese día de 1992 Davidson ha puesto todos sus esfuerzos en estudiar el amor, la paciencia, la compasión y la ecuanimidad desde el paradigma de la neurociencia.

 “Las cosas han cambiado desde entonces”, afirma Davidson con contundencia. Según él, ha habido cuatro descubrimientos científicos que han propulsado el estudio de todo este campo tan novedoso.

 El primero es la Neuroplasticidad. La capacidad del cerebro de cambiar en función de lo que experimentamos de manera consciente o inconsciente. Además, el fenómeno de la Neurogénesis nos da a conocer se pueden crear nuevas neuronas en el cerebro y nuevas conexiones neuronales.  Para “Richie” estas son noticias fabulosas, ya que por medio del entrenamiento podemos ser capaces de moldear nuestro cerebro para fomentar salud física y mental. “Para mi es una invitación a tomar responsabilidad sobre nuestro bienestar físico y mental”, dice Davidson.

 El segundo punto es lo equivalente a la Neuroplasticidad en el mundo de la Genómica, la epigenética. La epigenética se refiere a cómo se regulan y expresan los genes. Lo que plantea esta nueva ciencia es que a pesar de que nacemos con una dotación genética, la expresión y regulación de los mismos es un proceso dinámico y cambiante momento a momento y en relación con nuestro entorno. “Sabemos que la manera cómo una madre se relaciona con su recién nacido puede afectar de manera sustancial la expresión de la dotación genética en el cerebro de ese bebé teniendo repercusiones para toda la vida”, apunta el neurocientífico. En un estudio, Davidson y sus colegas observaron cambios genéticos en las personas después de un periodo intensivo de meditación de ocho horas al día. Es decir, podemos alterar nuestra expresión genética por medio del entrenamiento mental y emocional. Esto cobra especial importancia, si pensamos que hace dos décadas se creía que los únicos cambios que podrían manifestarse en el cerebro y los genes se manifiestan por degeneración o descomposición. Nuestros genes y nuestras neuronas cambian momento a momento a favor nuestro por medio del entrenamiento de nuestra mente.

 En tercer lugar, están las vías bidireccionales que se han encontrado entre el el cerebro y el cuerpo. Esto es como nuestro cerebro puede tener impactos sobre funciones de nuestro cuerpo y como nuestro cuerpo retroalimenta y afecta a nuestro cerebro. “Ahora podemos afirmar con claridad y gracias a estudios muy bien elaborados que nuestra salud física se ve afectada por nuestro estado emocional y viceversa”, aclara el neurocientífico. Según Davidson, esto hace pensar a los científicos que mediante el entrenamiento mental nuestro cerebro puede modificarse repercutiendo en nuestra salud física de manera positiva. Dichos estudios también sugieren que alteraciones en el cuerpo pueden afectar a la salud cerebral, dando cabida a los programas, prácticas o ejercicios que integran la relación mente-cuerpo.

 En cuarto lugar, aunque para el graduado de Harvard sigue siendo un tema controversial, está la idea de que los humanos tenemos una “bondad básica innata”. Diferentes estudios, como por ejemplo los de Paul Bloom de la Universidad de Yale y de Michael Tomasello del Instituto Max Planck, afirman que infantes de tan solo seis meses están “equipados biológicamente” para ayudar y elegir conductas altruistas.

 Para el profesor de Wisconsin-Madison, las ciencias contemplativas y todas la tecnologías que ofrecen herramientas para cultivar elAMOR y la compasión nos invitan a reconocer, actualizar y fortalecer algo que ha estado ahí desde siempre. Para Davidson, cualidades como el altruismo, el amor y la compasión son como los idiomas: todos estamos biológicamente predeterminados para ello y solamente necesitamos ciertas condiciones culturales, contextuales e individuales para que se manifieste. Afirma que para que las semillas del amor y la compasión florezcan necesitamos de una comunidad compasiva que nos enseñe a aprender esta habilidad.

 Toda esta evidencia y más estudios que se están llevando a cabo en el laboratorio de este particular neurocientífico señalan que el entrenamiento contemplativo nos dota de recursos para cultivar la resiliencia (recuperarnos rápidamente de momentos de dolor y adversidad), la capacidad de irradiar y recordarnos de la importancia de nuestra “bondad básica innata” que tenemos como seres humanos, generosidad (los datos son contundentes al mostrar que es por medio de la práctica de generosidad que se activan los circuitos cerebrales del bienestar de manera más directa) y atención o la capacidad de disminuir la rumiación mental (cuando la gente vive en el momento presente presentan mayores índices de bienestar). Todos estos datos seENCUENTRAN en el” Reporte Mundial de la Felicidad 2015” publicado como una iniciativa de la Naciones Unidas.

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Psicologia / Neurociencia

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