Roberto Canessa, cardiólogo pediátrico, superviviente del accidente aéreo de los Andes
Tengo 64 años.
Nací y vivo en Montevideo. Estoy casado con Laura y tengo tres hijos y tres nietos y medio. Soy jefe de ecocardiología del hospital Italiano. Siendo diferentes, todos somos iguales y no hay que olvidarse de eso para construir una sociedad. Creo en Dios, un amigo que me ayuda

“Todos tenemos una deuda con la vida: la gratitud”

Luchar por la vida

Conocemos la historia: en 1972 el avión en el que viajaba el equipo de rugby uruguayo con amigos y familiares se estrelló en los Andes. Viajaban 45 personas y tras dos meses viviendo a 30º bajo cero, sin ropa, sin comida… sobrevivieron 16, en parte gracias a la fuerza de Parrado y Canessa, que salieron en busca de ayuda atravesando la cordillera de los Andes. Hasta Disney hizo una película: “Si hubieran explicado lo que vivimos realmente, la gente se habría ido del cine”, dice Canessa, que ha presentado Tenía que sobrevivir (Alrevés), escrito con Pablo Vierci, donde hace un paralelismo entre sus experiencias y esas pequeñas vidas por las que lucha a diario como cardiólogo pediátrico. Dio una conferencia en CosmoCaixa.

¿No se ha cansado de lo que sucedió hace 45 años?

Sí, es como Sinatra cantando New York, New York, pero lo que le explico a la gente del aprendizaje de aquel accidente aéreo de los Andes (1972) les hace bien.

¿Y a usted?

Al primer mohín me digo: “Acuérdate de aquellos dos meses sobreviviendo sin ropa ni comida a 30º bajo cero, ¿no aprendiste nada?…”.

¿Lo que ocurrió en los Andes ha sido el hecho más relevante de su vida?

No, lo han sido mis hijos y el camino recorrido en el que he aprendido que la injusticia y la maldad existen y que la virtud es escasa.

Es usted realista.

También sé que no hay que cansarse de ser bueno y que vale la pena esforzarse. La vida es un intercambio: los demás nos influyen e influimos en los demás. Seamos generosos.

¿Qué ha sido lo más difícil?

La búsqueda de la felicidad, aprender cómo vivir y sentirme bien.

¿Y?

La felicidad está en los ojos de los demás, en hacer felices a otros. Has de ser el protagonista y no el espectador de lo que te acontece.

¿Se acuerda a menudo del accidente?

Los demás me lo recuerdan, pero no me canso de aquel personaje de 19 años que corría, al que no le dolían la espalda ni los pies, ni tenía barriga, ni dinero…, era un salvaje.

¿Se reconoce en él?

Tenemos el mismo corazón. Yo estudiaba Medicina y pude ser útil en aquel fuselaje destrozado que nos mantenía con vida. La existencia la constituyen las decisiones que uno toma, y yo decidí intentar sobrevivir en grupo.

Las cosas no son tan sencillas.

Sí lo son, pero nos complicamos inútilmente, no aceptamos que la vida es incertidumbre. Me dedico a diagnosticar cardiopatías congénitas en niños, y mi ambición es que consigan sobrevivir y que su calidad de vida sea igual a la de mis nietos, es mi compromiso con la vida. Yo los visualizo corriendo felices detrás de una pelota.

¿Eso hace?

Creo que tiene un gran poder espiritual. Pensemos en lo bueno, porque lo malo vendrá solo.

Me sorprendió que se montara tal escándalo porque comieran carne de los muertos para sobrevivir.

Yo creo que hay dos historias, la que vivi-mos nosotros, en la que lo más terrible fueel alud, y la que vive la gente, que cree que lo más ­terrible fue comernos a los muertos.

¿Lo han hablado entre ustedes?

Muchísimo y hemos bromeado, ¡si alguien nos hubiera oído!… Lo hemos procesado hasta el infinito. Yo hice promesas en la montaña.

¿Qué promesas?

Ser agradecido, y cosas muy cotidianas como ser puntual, considerar que el tiempo de los demás es igual al mío. Se trata de respeto.

Aspiró a ser presidente de Uruguay.

A mi alrededor todos se quejaban de los políticos y decidí montar un partido y exponerme.

¿Decepcionado de la política?

Decepcionado de mi ignorancia, de no haber sido capaz de leer la realidad. Hay mucho acomodo, intereses económicos y códigos en la política. Y una relación perversa entre el votante y el votado: mucha queja y poco compromiso.

¿Sus hijos han cargado con su historia?

¿Es verdad que tu papá se comió a sus amigos?, les preguntan, y ellos les explican con paciencia. Trato de que la historia no les invada, pero también les pregunto si hubieran preferido ser huérfanos. Cada cual tiene que tener la valentía de hacer lo que pueda con lo que le ha tocado.

Es una historia difícil de superar.

Una vez le preguntaron a mi hijo Hilario: “¿Estás orgulloso de tu padre por lo de los Andes?”. “Yo entonces no lo conocía –contestó–. Lo admiro porque trata de que no nos falte de nada”. No se trata de lo que dices, sino de lo que haces.

¿Qué nos falta?

Que no se te tenga que caer el avión para darte cuenta de todo lo que tienes. Date cuenta de que recibes mucho más de lo que necesitas y que haces menos de lo que puedes. Nuestra deuda con la vida es una: la gratitud.

¿Falta amor?

Sí, el amor nunca alcanza. A mí me impresionan los actos de generosidad, la bondad, y también lo contrario: gente que es muy poquita cosa y se creen enormes e imprescindibles.

En Harvard le llaman “doctor sabio”.

Me gusta la lucha –que siempre es contra uno mismo–, mirarme en el espejo y decir: “Gracias a Dios ahí está el mismo estúpido de siempre”. No dejo de repetirme: “No te dejes engañar por la historia de fuera. Mira tu próximo paciente, hay uno que te está necesitando”.

¿Cuál es la moraleja de su propia historia?

La vida es como aquella montaña: camina. Los héroes de los Andes es un mote de la sociedad civilizada, nosotros éramos los miserables de los Andes, esa es la realidad.

Mi mujer me dijo un día: “Cada cual tiene su cordillera y la trepa como puede”. Llevamos 40 años juntos y cada semana estamos a punto de divorciarnos, pero seguimos caminando juntos, unidos, esa es la fortaleza de la relación.

¿Y por qué no se divorcia?

Porque no vas a cambiar un coche usado por otro, con más o menos kilómetros, pero que no los ha recorrido contigo. Hay que dar la batalla en las cosas importantes.

 

FUENTE: http://www.lavanguardia.com/lacontra/20170427/422075509211/todos-tenemos-una-deuda-con-la-vida-la-gratitud.html

beassertive AdministratorKeymaster
Psicologia / Neurociencia

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