Resumen del libro: NI ME EXPLICO, NI ME ENTIENDES

Los laberintos de la comunicación.

Xavier Guix

Guix, X. (2008) Ni me explico, ni me entiendes. Los laberintos de la comunicación. Barcelona: Verticales de Bolsillo. Grupo Ed. Norma.

Comunicación.

Es básico y propio de la especie, lo damos por supuesto. Gran parte de los problemas cotidianos tienen su origen en la ausencia de comunicación o en una comunicación defectuosa.

Las habilidades para la comunicación no se aprenden en un día, hay predisposición, pero hace falta voluntad, criterios, ideas claras, aprendizaje continuo.

Comunicar es disfrutar, vivir la vida en su máxima plenitud.

La llave del aprendizaje sobre la vida y la posibilidad de conocerse a sí mismo pasa sin duda por la relación. La comunicación es el proceso que permite dicha relación.

No es lo mismo hablar sobre las cosas que expresarlas emocionalmente.

Todo es comunicación: actividad o inactividad, palabras o silencio.

Separar la comunicación de nuestras habilidades expresivas.

El esquema que se utiliza habitualmente es muy simplista, somos emisores y receptores simultáneamente, no se puede no comunicar.

La comunicación no es algo que suceda en la realidad, sino que la realidad se construye en la comunicación.  

En la comunicación se producen procesos muy complejos: semánticos, neurológicos, psicológicos, sociales y culturales.

Muchas prácticas diferentes llevan el término comunicación (medios de comunicación, redes de comunicación, tecnologías de la comunicación, comunicación de masas…)

Algo que nos mantiene unidos, nos relaciona unos con otros.

La comunicación tiene dos caras:

  • La que produce vínculos colectivos
  • La que los transforma a través de la información

La información es lo que hace que sea un proceso de cambio y diferenciación.

¿Tan complicado es a veces entenderse?

La comunicación siempre está en el fondo de nuestras relaciones, aunque la forma a menudo se asemeja más a un laberinto por el que nos perdemos.

Las 7 “brújulas” o principios:

  1. Principio de la intencionalidad. La acción queda asociada a la intención (deseo, creencia) que la puso en marcha. Pero cuando yo observo las acciones de otro atribuyo las intenciones que yo tengo asociadas. Presuponemos “sus” intenciones, que son las nuestras.
  2. Principio de la diferencia, la similitud y la variabilidad. No solo cada persona es única y diferente a las demás, sino que no siempre está igual, ni piensa de la misma manera, ni siente lo mismo. “No somos quienes éramos, ni aún somos quiénes seremos”. Lo idéntico y sin cambio no existe ni en uno mismo, ni en el medio. Las relaciones hay que vivirlas en presente.
  3. Principio de los diferentes estilos afectivos. La expresión de las emociones es universal. Lo que ya no es lo mismo es la velocidad, la expresividad, la intensidad y la latencia de la emoción. Muchos conflictos y malentendidos se basan en la incomprensión del ritmo que cada uno necesita al vivir sus emociones.
  4. Principio sistémico de la relación. Cuando una relación, más allá de un encuentro casual, se convierte en estable, esas dos personas establecen entre ellas un sistema único.
  5. Principio de la libertad “condicional”. Somos libres de escoger a las personas con las que nos queremos relacionar así como de decidir cómo relacionarnos con las personas que hemos escogido. La libertad a veces nos da miedo (Erich Fromm). Pero somos tan libres o ¿estamos condicionados? Condicionado no significa determinado… somos capaces de aprender sobre lo aprendido e incluso trascenderlo.
  6. Principio constructivista de la relación. Las personas son constructoras de significado sobre sus experiencias. Cuando nos relacionamos con los demás, es bueno entender que entramos en su casa, en sus “constructos” particulares.
  7. Principio construccionista de la relación. Cada relación es diferente sobre todo porque nuestra identidad se construye en dicha relación. Cada persona nos despierta unas cualidades u otras “no me conozco a mí mismo”… los construccionistas defienden que nuestra manera de ser no se da en el interior de las personas sino entre ellas.

El mapa no es el territorio (Alfred Korzybski). Cada persona tiene su mapa sobre el funcionamiento del mundo. Cada uno experimenta la vida según su mapa, convirtiéndose en su verdad. Eso no significa disponer de “la” verdad. Una creencia es una teoría sobre el mundo, pero no es el mundo. Si el mapa no es el territorio, ¿para qué empeñarme tanto en que los demás vean las cosas como yo? Una de las claves de la comunicación es hacerse con curiosidad al mapa del otro.

Ni me explico, ni me entiendes.

Cuando una relación llega a ese punto se produce el desencuentro, la descomunicación, la contraimagen de la comunicación como la llama P. Watzlawick.

Cuando nos relacionamos ni nos vemos, ni nos oímos o al menos no tenemos una visión completa, no podemos hablar y escucharnos a la vez. Por el contrario captamos a la perfección las expresiones y los tonos de voz de nuestro interlocutor.

Todo lo que pasa ante nuestros ojos es procesado y a la vez interpretado. Ahí es donde empiezan a producirse las interferencias.

Nos relacionamos con el otro a partir de nuestras presuposiciones sobre lo que creemos son sus intenciones y deseos. Además contrastamos sus intenciones con las nuestras, valoración emocional, si además están los condicionantes del contexto, las experiencias anteriores… los ruidos comunicativos…

Preguntando evitamos presuponer, aclaramos la información, hacemos pensar al otro sobre sus propios pensamientos, el resultado será una ampliación del mapa.

Hacer preguntas no significa hacer pasar a nuestro interlocutor por un tercer grado. Se trata de hacer preguntas que no suenen a preguntas. Estar con la otra persona desde el corazón, si no en lugar de acompañar a la persona se la analiza.

El significado de mi comunicación se mide por la respuesta que obtengo del otro. Ejemplo: pensar en un violín: unos percibirán el sonido, otros imágenes visuales del instrumento, otros sentirán la emoción de una experiencia, de un concierto… Nos sirve para tomar conciencia de que el sentido de una palabra depende del que la oye, no del que la emite.

“Yo, ¿qué comunico? ¿Cómo comunico?” La vida es como un eco. Si no te gusta lo que recibes, presta atención a lo que emites.

Vamos sin tiempo para captar los mensajes sutiles que recibimos constantemente de las personas con que nos comunicamos.

John Powell (1989) en su obra “¿Por qué temo decirte quién soy?” propone 5 niveles de comunicación:

  • N. 5. superficial o tópica: trivial, frases hechas, convencionalidad (tiempo…)
  • N. 4 Social: cotilleos, trivialidades, hablamos de otros, no damos nada de nosotros, ni pedimos nada de los otros.
  • N. 3. Personal: comunico cosas de mí a la otra persona, hago revelaciones, muestro opiniones, se observa al otro para captar cómo está recibiéndonos…
  • N. 2. Emocional: muestro lo que me individualiza, mis sentimientos, se abren las puertas de quien soy yo.
  • N. 1. Interpersonal: comunicación más comprometida, transparencia y sinceridad. No solo hablo de mí, sino que expreso lo que siento contigo, tanto en lo que nos une como en el desacuerdo. Aprendemos a conocernos mejor y crecemos. Se usa el término interpersonal de forma profunda.

Cada persona se siente más cómoda en un nivel que en otro. ¿Somos capaces de distinguir el nivel en que se mueve nuestro interlocutor? ¿sabemos respetarlo? ¿sabemos acompañarlo?

Toda comunicación es una relación. La comunicación varía según la relación y a lo largo de la relación.

Toda comunicación implica una relación que se expresa a través de un lenguaje verbal y no verbal.

Gregory Bateson (escuela de Palo Alto) dice que todo mensaje incluye 2 aspectos: información y orden. O lo podemos decir: contenido y relación.

Tiene trampa, porque la lectura que hagamos del mensaje relacional clasificará el contenido.

Diferentes posibilidades según estas dos variables:

  •      Concordancia en las dos: contenido y relación
  •      Desacuerdo en las dos: contenido y relación
  •      Concordancia en el contenido y desacuerdo en la relación
  •      Desacuerdo en el contenido y concordancia en la relación
  •      Confundir contenido y relación

En el ámbito laboral podemos verlas como tarea y relación. Y en medio otra variable que es el proceso.

El desacuerdo no es lo negativo; simplemente es lo normal. Las dos personas siguen la secuencia sin acuerdo previo, no deciden de antemano cómo se quieren comunicar.

Nos resulta difícil comunicarnos acerca de la comunicación.

Una de las mayores tentaciones que tenemos cuando quedamos atrapados en un conflicto de relación es pretender encontrar la causa inicial que lo motivó. Buscar la causa no tiene sentido. No lo tiene porque es un proceso que no tiene un inicio y un final, es retroactivo. La misma causa puede tener efectos diferentes y los mismos efectos, causas diferentes.

Cuando el desacuerdo se transforma en un problema, la “diferencia” pasa a convertirse en “lo opuesto”, opuesto a mis valores, principios, creencias, a la disponibilidad de mi tiempo, de mi espacio, de mi gente, de mis cosas… se pasa a reglamentar la situación, normas que cumplir.

Cuando la relación se normativiza, de un lado se racionaliza, se cierra el corazón, pero por el otro está atrapada emocionalmente. Se hace difícil separar conductas, pensamientos y emociones.

No existen fórmulas para resolver los conflictos porque cada relación tiene creado su propio sistema. Atender 2 entidades: las emociones y las conductas.

Las emociones son intensas, pero breves; los sentimientos son un mar de fondo estable y también más duradero.

Lo primero en un conflicto es acoger la emoción y el sentimiento que se está expresando. Es importante poder manifestarle a la persona los sentimientos que nos despierta verla así.

Centrarse en la experiencia emocional que nos permita un acercamiento real y profundo sobre lo que está pasando y nos aleje de la tentación de racionalizar la situación. ¿Qué soluciona hablar sobre la secuencia de lo ocurrido? Insistir tanto sólo puede pretender una cosa ¡que nos den la razón! En el fondo está el elemento clave: el poder.

No hay manera de resolver los conflictos o enfados hablando. Es mejor procurar que los sentimientos se encuentren.

Detrás del enfado hay frustración y falta de amor.

Acercarnos a los sentimientos y ver cómo se pueden encontrar.

El camino es la aceptación.

No es lo mismo aceptación que tolerancia. La aceptación es incondicional, de corazón. La tolerancia es condicional.

Conductas generadoras de conflicto: cuales nos acercan, cuales nos separan. Tendencia a dar a la manera de actuar, categoría de identidad. Expresiones con el verbo “ser” van directamente al centro de nuestra identidad.

“la culpa de las cosas que nos pasan es de las circunstancias; la culpa de lo que les pasa a los demás es por ser como son.”

Pragmática de la comunicación.

Tratar de comprender las reglas, normas o patrones de estabilidad que surgen en una relación comunicativa y que regulan las relaciones entre elementos lingüísticos, gestuales, espaciales y contextuales.

Albert Mehrabian (1964, Universidad de California) en 1981 publica el “Silent messages: implicit Communications of emotions and attitudes” y en el habla de los porcentajes de importancia de los diferentes factores de la comunicación:

  •      Las palabras: 7%
  •      El tono de la voz: 38%
  •      El lenguaje corporal: 55%

Con un solo gesto la gente le puede entender. Madres con su bebé…distinguir y relacionar los gestos con las emociones. Los pensamientos pueden ser privados, las emociones son más públicas de lo que nos imaginamos.

Recién nacido busca otros ojos, un rostro humano. La anatomía del rostro admite unas 7.000 combinaciones visualmente distintas de los músculos en la configuración de las emociones.

En nuestro interlocutor observamos su comportamiento no verbal. Si hay mensajes contradictorios entre la comunicación verbal y lo no verbal creemos al cuerpo. Ejercicio: observar al otro mientras se relaja y se deja llevar por sus pensamientos, recuerdos… notar cambios en la expresión.

Subtexto: lenguaje corporal, posturas, movimiento manos, contacto ocular, utilización del espacio, comportamiento…

Investigaciones sobre el efecto persuasivo de asentir.

Estructuración del espacio personal. Excesiva proximidad, densidad social, despersonalización del intercambio (sala de fiestas, estadio deportivo…) influye en las conductas.

El tono de la voz: el fondo sonoro de las emociones.

Ejercicio: la voz desnuda: grabar 2 veces una canción o un poema, la segunda vez desnudos. Comparar la voz.

Las personas que nos conocen captan nuestros estados de ánimo a través del tono de voz.

4 tonos principales:

  •      Autoridad: exigente, obligatorio
  •      Expectativa: retintín, suposición, ironía
  •      Súplica: piden bajito, rogando
  •      Deseo: más madurez, no hay expectativa, ni obligatoriedad, “me gustaría que lo hicieses”

Hay quien habla mucho, pero no dice nada; hay quien habla poco, pero dice mucho.

La relación lenguaje y pensamiento.

¿el lenguaje es pensamiento? ¿necesitamos el lenguaje para pensar? ¿es lo mismo lenguaje y comunicación?

A través del lenguaje construimos nuestras realidades.

Nuestra manera de pensar y entender el mundo deriva del lenguaje que usamos y no al revés.

El significado de las palabras no depende de alguna especie de propiedad intrínseca, ni se produce siguiendo las reglas de la lógica formal, el significado va a depender del contexto, entramado de palabras que acompañan a la frase, normas, en definitiva de cómo se organice el juego.

Ejercicio: jugar con la palabra “amor” Memoria semántica: emociones. Memoria episódica: experiencias. Experiencia vivida: ¿cómo sabía que eso que sentía era amor? Porque se lo dijeron (familia, amigos, tele, culebrones, escuela, textos…), concepto de amor que se maneja en esa época, en ese contexto. Cada sociedad nos proporciona una serie de repertorios interpretativos basados en metáforas y mecanismos lingüísticos.

Constructo: pensamientos, emociones y conductas.

La palabra dispara su representación mental. Uno tiene su constructor sobre el amor, pero cuando habla sobre el amor no lo va a hacer siempre de la misma manera, va a depender del contexto, de con quién esté hablando…

Narratividad: contando nuestras experiencias aprendemos a relacionarnos, a autoexplicarnos, a entender quién y cómo son los otros y nosotros…

La conversación es vista como una manera de “hacer cosas con las palabras”: es la manera social básica de utilizar el lenguaje.

Nuestra neurología impacta e influye en la neurología de los demás. Un buen día, sonreímos, recibimos más sonrisas. Un mal día, “todos parecen enfadados”. Expresamos a través de nuestro lenguaje corporal y el tono de voz.

¿Qué expresamos? nuestros estados internos, incluido el de ánimo. Nos sentimos de una manera o de otra sin saber por qué.

Aceptamos o rechazamos a personas desconocidas aunque no sabemos por qué. Todo se fundamenta en una impresión, en unas pautas perceptivas con significado par nuestras neurologías. Nos influimos unos a otros, pero lo más importante es la capacidad de influir en nuestra propia neurología. Paul Ekman, estudioso de las expresiones emocionales, dice que asumir intencionalmente la expresión facial de una emoción, suscita los mismos cambios fisiológicos que acompañan a la emoción. Debido a la plasticidad neuronal el aprendizaje, la práctica pueden modificar el funcionamiento cerebral (primero estado de ánimo, después temperamento).

Ninguna relación es igual, la red entre dos personas tiene características únicas, a menudo esta red se enmaraña de forma que nos atrapa. En el proceso comunicativo se pueden producir diversas interferencias. Toda conducta seguro que tiene sentido y es positiva en algún nivel de nuestra experiencia. Las conductas nacen de nuestra interacción con el medio y escogemos en cada momento la mejor que tenemos a nuestra disposición, hasta donde ha llegado nuestro aprendizaje. Hay que aprender nuevas alternativas.

Trampas comunicativas

Presuposiciones:

A menudo pensamos que hay cosas que se sobreentienden, se dan por supuesto, pensar que cómo yo lo veo lo verán todos…

  •      la lectura mental, por las expresiones nos atrevemos a hacer conjeturas, no tenemos acceso a todas sus intenciones
  •      interpretar, es un juego apasionante para algunas personas, interpretan la conducta ajena según las intenciones asociadas a sus propias conductas
  •      efecto-causa, se pretende saber la causa de lo que les ocurre a los demás, se completan las frases de los demás
  •      juicios, categorizar a las personas, reducir su identidad a una conducta, detrás de los juicios se esconden muchas proyecciones, “dime qué juzgas y te diré lo que te falta o sobra”

Aconsejar:

Las personas que mejores consejos podrían dar son precisamente las que no lo hacen. Nadie está en el mismo momento, ni en el mismo nivel en la vida “yo de ti”, “yo en tu lugar”… creyendo que ayudamos les empequeñecemos, les limitamos su propio crecimiento. Hacer reflexionar es siempre mejor que dar triturado o ponerse de ejemplo.

Querer tener razón:

“No estamos aquí para tener razón, sino para amar” (Demartini).

Detrás de los empecinamientos se esconden grandes inseguridades. Razonar es un mecanismo intelectual, óptimo para planificar, organizar… en las cuestiones de la vida no valen tanto las razones como los sentimientos, vivimos la vida ¡no la pensamos!

Instrucciones paradójicas:

A menudo damos órdenes imposibles de cumplir. Un clásico es “Sé espontáneo”.

Decir lo que hay que sentir:

No se puede menospreciar lo que el otro siente. Decimos: “no te lo tomes así”, “venga, venga, que no hay para tanto”, “es que te enfadas por nada”, “no estés triste”…

Escucharse a sí mismo:

A menudo ante un interlocutor que nos cuenta cosas que no son de nuestro interés “desconectamos”. No siempre se trata de una conversación pesada, a veces estamos más pendientes de nuestras sensaciones, nos escuchamos a nosotros mismos.

En este aspecto se dan los dos extremos:   

  •      la única conversación que les interesa es hablar de ellos mismos: “lo más grande…”, “lo más divertido…”, “lo más de lo más…”
  •      los que están tan pendientes de los demás que se olvidan de ellos, convierten la vida de los demás en su vida.

Entre los dos extremos está el equilibrio.

Decir la última palabra:

Es sucedáneo de “tener razón”. Acostumbrarnos a decir la última palabra volvemos a entrar en el juego de poder en las relaciones.

Hablar sin decir nada:

En lugar de hablar con sinceridad, enmarañarse en un conjunto de palabrerías que distraen la comprensión. Hablamos mucho, pero no decimos nada. “No se lo que ha dicho, pero lo ha dicho tan bien”.

Distorsiones cognitivas

Al comunicarnos va a tener mucho que ver el significado que demos a nuestros estados de ánimo, pensamientos y conductas. Estos significados dan sentido a la propia vida actual, los recuerdos, lo que se espera del futuro y cómo se considera la persona a sí misma.

  •      abstracciones selectivas o filtraje, es percibir sólo lo congruente con mi estado de ánimo, ver la realidad a través de “unas gafas”
  •      pensamiento dicotómico o polarizado, todo se ve blanco o negro, o sí o no… la vida no se puede simplificar en dos posiciones, para colmo extremas
  •      sobregeneralizaciones, a partir de uno o diversos hechos aislados se extiende la experiencia negativa al resto de situaciones vitales, aunque no estén relacionadas con el hecho
  •      inferencias arbitrarias, se anticipa una determinada conclusión sin ninguna evidencia que la demuestre o incluso evidenciándose todo lo contrario (conversaciones bizantinas: exigen demostraciones de algo que no existe)
  •      personalización, relacionar los acontecimientos consigo mismo. Personalizar algo que se escapa de la propia responsabilidad. A veces ocurre todo lo contrario: las circunstancias se convierten en excusa para rehuir responsabilidades.
  •      “debería”, personas que se exigen mucho a sí mismas, a los otros y a la vida. Estar al lado de una persona que pasa buena parte del día usando los “debería” acaba arruinando la relación. Demasiadas expectativas, demasiadas obligaciones, demasiadas exigencias. Los “debería” nos alejan del presente, en el presente “hacemos” y basta.
  •      falacias de justicia, razón y cambio, enredos o distorsiones, cuando estamos convencidos de que es injusto todo aquello que no coincide con nuestros deseos personales, o bien de que estamos en posesión de la verdad o de que son los otros los que tienen que cambiar de conducta para que nosotros podamos estar en paz.

Las primeras impresiones

Toda comunicación es una relación. Cada encuentro se rige por una serie de normas implícitas según la sociedad en la que viven. En los primeros encuentros se generan las primeras impresiones.

  1.   Teoría de los rasgos.

Las personas desarrollan percepciones interpersonales rapidísimamente a partir de unos pocos rasgos iniciales (apenas sin tiempo somos capaces de describir, y de hacer ¡valoraciones y juicios! Kelly dice que cuando se detectan determinados rasgos de personalidad en el otro se le otorgan sistemáticamente otro conjunto de rasgos vinculados al percibido. Inferimos rasgos que tal vez no pertenezcan a esa persona de ahí la experiencia alucinante “cuando nos quitan la venda de los ojos”, “cómo no nos dimos cuenta de cómo era”, lo divertido es que ni antes era “como creíamos”, ni ahora es “como realmente es” ¡Todo es cuestión de percepción!

  1.   Categorías sociales.

La categoría grupal proporciona una identidad o posición social. Según nos identifiquemos con un grupo o nos diferenciemos de él, pueden nacer las comparaciones, los prejuicios y la discriminación. Los prejuicios, actitudes hacia determinadas personas que se originan no en las características o actuaciones individuales, sino en el hecho de su pertenencia a determinadas categorías sociales. En medio de los prejuicios nacen los estereotipos: conjunto de creencias sociales asociadas a una categoría grupal.

La disonancia

Se supone que existe un estado de consistencia, un equilibrio entre lo que creemos, pensamos y lo que acabamos haciendo. La mayoría somos capaces de vivir con alguna contradicción o inconsistencia. Además de la necesidad cognitiva de ser consistente se tiene un interés social en aparentarlo. La disonancia entre creencia y conducta genera malestar que la persona intenta resolver: cambiando pensamientos, conductas, alterando el medio…

Miedos, inseguridades y exigencias

Al expresarnos pueden producirse “ruidos” que dificultan el proceso comunicativo pero que, a la vez nos posibilitan información sobre lo que está pasando. Personas que hablan:

  •      muy rápido
  •      muy bajo
  •      se tapan la boca al hablar y gesticulan excesivamente
  •      ni pestañean
  •      padecen disfluencias

Los ruidos hacen más difícil la comprensión de los contenidos, pero nos brindan una oportunidad para la relación. Detrás de estos fenómenos se acostumbra a esconder miedos, inseguridades y muchas exigencias. Algo tan simple como hablar se vive con ansiedad. Los humanos nos pasamos media vida intentando superar los miedos.

Juegos de roles y bailes de máscaras

Las actividades que desarrollamos en contextos sociales y laborales tienen su complejidad al mediar entre ellas los roles. Tiene que haber equilibrio entre la persona y su función (en la sociedad, en el trabajo). El rol conlleva expectativas (tener claro qué se espera de mí, qué espero yo, a menudo las expectativas y obligaciones están reglamentadas, pero también hay normas y/o expectativas que se sobreentienden. (Persona-Personalidad-Personaje) en el trabajo nos relacionamos con personas que no conocemos, ni nos conocen, de ahí la necesidad de los roles. Las normas sociales y los roles nos sirven para transitar por la ambigüedad. Distinguir el jugar un papel a ser un actor. Las personas somos las mismas tanto en el trabajo como fuera de él.

  •      asociados y disociados, para algunos no existe desacuerdo entre lo que creen que son, “identidad” y sus conductas. Por supuesto es un efecto perceptivo, nadie es igual en todas partes. Las personas nos vivimos como en bloque pero se nos puede descomponer en diferentes partes: intelecto, cuerpo, espiritualidad… no somos de una pieza… algunas personas no pueden disociarse, sufren mucho, otras, por el contrario son camaleones sociales. Ejercitarse en la sana capacidad de disociarse puede generarnos un punto de distanciamiento muy conveniente.
  •      expectativas normativas, los roles cumplen una función organizadora de la conducta dentro de un contexto. Eso se traduce en el lenguaje que usamos, acciones previstas para cada rol…
  •      identificación con el rol, “actuando” se identifica con el rol, sigue actuando “como médico”, “como juez”… las conductas acaban convirtiéndose en identidad.
  •      conflictos de rol, se produce cuando entran en pugna unos roles con otros. Cuando la relación se confunde, cuando algunas de las partes no entienden bien la diferencia entre el rol y la persona, o el contenido y la relación, pueden aparecer conflictos. Es importante entender una relación como un proceso abierto. Es vital el estar presente y permitirse navegar por la ambigüedad. En ese tránsito se encuentra el camino del encuentro y del desencuentro.

Trastornos del lenguaje

Es un aspecto más derivado de nuestra biología:

  •      afasia, consecuencia de una lesión cerebral
  •      disartrias, trastorno de articulación del habla, la comprensión del lenguaje oral y escrito está preservada
  •      alexia, trastorno adquirido de la lectura, derivado de una lesión cerebral focal. Diferente de la dislexia que es dificultad para el aprendizaje de la lectura.
  •      agrafía, pérdida de la capacidad de escribir correctamente

Recursos para una comunicación eficaz  

Necesitamos herramientas que nos sirvan ante los atascos de la descomunicación.

Inteligencia emocional

La relatividad de las emociones. Neurociencia: estados con una función reguladora que fomenta la supervivencia del organismo: expresión de emociones forma de comunicación útil. Según la psicología social construccionista no es algo que está dentro de nosotros, se manifiesta en y por las relaciones, constituye la vida social misma. En 1990 Salovey y Mayer introducen el concepto de inteligencia emocional siguiendo la línea de Gardner con las inteligencias múltiples. Se entiende la inteligencia emocional como la capacidad para percibir las emociones, asimilar los sentimientos relacionados, comprenderlas y manejarlas. Hay dos modelos: el primero la entiende como una habilidad mental, el segundo, liderado por Goleman, engloba aspectos motivacionales y emocionales:

  •      reconocer las emociones propias
  •      controlar las propias emociones
  •      motivarse
  •      reconocer las emociones de otros
  •      manejar las relaciones

Las emociones no las vemos venir, son a veces reacciones repentinas, las emociones son cosa nuestra, aunque a veces queramos ver la causa fuera “no me puede estar pasando a mí”, “me sacáis de mis casillas” ¡nos enfadamos nosotros!

Según Paul Ekman al plantearnos qué podemos hacer con las emociones, tenemos 3 opciones:

  •      identificar el detonante, yo consciente
  •      reducir el tiempo en qué permanecemos “atrapados” en la emoción
  •      controlar las conductas posteriores a la aparición de la emoción

Para controlar cuando se manifiesta tenemos que iniciar una nueva conducta, si siempre hacemos lo mismo lo reforzamos. Hay que permitirse sentirlas, escucharlas, atenderlas… “todo lo que resistes, persiste; lo que aceptas, se transforma” (principio budista).

Empatía

Ponerse en el lugar de los otros, entender lo que les pasa, lo que sienten “ponerse en los zapatos del otro”, para eso “primero hay que quitarnos los nuestros”. Hay investigaciones que dicen que poseemos unas “neuronas espejo”, descargan impulso tanto cuando es el sujeto el que hace algo, como cuando observa a otro realizarlo.

  •      escucha activa, significa entender bien lo que nos dicen, tanto el contenido, como comprender cómo nos lo están diciendo: sentimientos y emociones. La empatía consiste en “estar” con el otro, comprenderlo y aceptarlo, es una aceptación como persona, más allá de sus creencias o conductas.
  •      centrados en el otro, es difícil dejar de lado las propias opiniones, creencias e interpretaciones. Se trata de centrarnos en el otro, no en nosotros mismos que es lo que solemos hacer (autoescucharnos)
  •      captar, más que sentir, hay momentos en que la emoción del otro nos conecta con nuestras propias emociones; si se trata de escuchar activamente a la otra persona será mejor mantener esa ligera distancia que nos permita captar lo que pasa, en lugar de sufrir con ella.
  •      dejar que respire, no dar prisas, no exigir respuestas inmediatas, es bueno saber estar en los silencios y respetar los ritmos emocionales, el asentir mucho con la cabeza, puede interpretarse como “dar la razón” y una relación de empatía no va por ahí.
  •      lo que yo haría en la misma situación, una de las posibles tentaciones empáticas es situar la experiencia de esa persona en nuestra experiencia. Puestos a utilizar esa especie de autorrevelación es mejor quedarse en el comentario genérico “ya he pasado por eso”, “se lo que es”, sin introducir “yo lo que hice…”, “yo en tu situación haría”
  •      espejos para lo bueno y para lo malo, confrontando a la persona con ella misma. No se trata de discutir lo que siente, sino devolverle lo que nos llega, dejar que reelabore la información que le proporcionamos, “dices que está muy asustada, pero me lo dices con una sonrisa en los labios y un tono… no te noto yo muy asustada”
  •      preguntas sin trampa, las preguntas no son para entendernos nosotros, sino para que se entienda la persona que acompañamos. Preguntamos para aclarar y si cabe para que el otro pueda reflexionar
  •      resumiendo delicadamente, se centra en la información importante, no puede hacerse una manipulación subjetiva y que derivemos la conversación hacia donde nos interesa a nosotros
  •      cosas que se han de evitar, lo más difícil es evitar:

      juzgar

      dar consejos

      opinar

      interpretar

      identificarse excesivamente con las necesidades del otro

      ser víctima del sufrimiento empático

      confundir empatía con psicoanálisis

      estar de acuerdo en todo

      manipular

Asertividad

“El que teme padecer, ya padece lo que teme” (M. Eyquem de Montaigne)

¿Puede existir algo que no sea dominación ni sumisión?

La respuesta la dieron los movimientos contraculturales americanos de los años 60-70: la asertividad.

Robert Alberti y Michael Emmons publican en 1978: Your perfect right: A guide to assertive behavior, definen la asertividad como: “la conducta que permite a una persona actuar de acuerdo a sus intereses más importantes, defenderse sin ansiedad, expresar cómodamente sentimientos honestos o ejercer los derechos personales sin negar los derechos de los otros”. Es una de las habilidades más difíciles. Es un comportamiento, no un carácter. Se pueden señalar 7 claves para que uno desarrolle conductas asertivas:

  •      puede hacerse respetar por los demás
  •      reclame aquello que considere su derecho
  •      es imposible que todo el mundo le quiera
  •      piense en usted positivamente
  •      no se deprima ¡actúe!
  •      no se esconda de los demás
  •      que importancia tiene que salga mal, si se va afirmando

No siempre funciona, ni gusta a todos. No existe una única forma, sino una serie de estrategias.

Ansiedad social, hay un sinfín de situaciones de la vida cotidiana que pueden generarnos ansiedad. Afirmarse a uno mismo, hacer respetar nuestros propios derechos representa un ejercicio costoso que a menudo genera esa ansiedad social que acaba por coartar nuestras pretensiones. Ante tales situaciones se dan dos posturas básicas:

pasividad (mejor no decir nada, es igual, no importa…)

agresividad (¡ahora te vas a enterar de lo que vale un peine!)

pero hay una tercera vía: la asertividad (me gustaría, yo creo, yo pienso, yo siento…)

La asertividad se puede definir como la capacidad de expresarse en primera persona: “Yo soy el responsable de lo que pienso, lo que siento y lo que hago; por eso me pongo en primera persona.”

Al culpara a la otra persona, aseguramos la reacción de ésta, ya que se va a defender, en cambio nuestras afirmaciones son incontestables. Nadie puede negarnos lo que pensamos, sentimos o hacemos. Se podrá no estar de acuerdo pero no negarlo.

Se es asertivo desde la aceptación y estima por uno mismo, desarrollando nuestras auténticas posibilidades y objetivos, con respeto a los otros y a las normas de convivencia.

Al ser asertivos pretendemos obtener una o varias cosas concretas por un lado y conservar o mejorar la relación con los otros.

Hay miedos (al qué pensarán, al qué dirán…) que llevan a las personas a justificarse ante los demás, algunas personas acaban por serlo todo para los demás, menos para ellas mismas, va unido a baja autoestima, a creencias arraigadas de que hay que guardar los sentimientos propios o que cambiar de idea es signo de debilidad.

Conversaciones difíciles, debido a antecedentes emocionales a temas complicados o íntimos. Ante esas situaciones probablemente no sea suficiente una conducta asertiva. Se hace necesario atender a tres conversaciones:

      ¿qué ha ocurrido? hay desacuerdo sobre lo que ocurrió?

      ¿qué siento? ¿es válido o apropiado lo que siento?

      ¿qué significa para mí? ¿cómo me veo?

No somos jueces de lo que los demás piensan, sienten o hacen. No tenemos obligación de aceptar o rechazar lo que nos dicen. Separar la intención del efecto. A veces con buena intención se produce el efecto contrario. Lo mismo ocurre cuando yo me tomo algo mal que no tenía esa intención. No debemos suponer intenciones. Hay que preguntar “no sé cuál era tu intención… pero me ha hecho sentir…”

Estrategias asertivas:

  1.   tener claro los propósitos
  2.   evitar los “pensamientos automáticos”, están ahí, pero no se deben soltar sin pasar por el filtro del convencimiento
  3.   analizar la posición del otro, intentar comprender las razones y los sentimientos de nuestro interlocutor
  4.   tratar nuestras convicciones como hipótesis, nuestras creencias no son certezas
  5.   subirse al balcón, cuando la situación se complica, lo mejor es tomar cierta distancia, ver la situación desde fuera, situarse en los 3 puntos: tú-yo-el observador
  6.   tener “a priori” dudas positivas, a menudo nos encerramos en las diferencias, en los desacuerdos, podríamos empezar por atender y reconocer lo que tenemos en común
  7.   atender a la forma de verbalizar:

forma clara y precisa, dar vueltas a las cosas confunde

implicarse personalmente, usar la primera persona

saber implicar al otro, personalizar “me ha gustado como has…”

mostrarse educado y cordial

Dar y recibir feed-back:

Consiste en opinar técnica y sinceramente sobre aquellas conductas y/o hechos que hacen los demás o nosotros. Este proceso de dar y recibir información sobre uno mismo y sobre los demás quedó perfectamente delimitado en el modelo conocido como ventana de Johari (Joseph Luft y Harry Ingham):

Área libre

Conocido por nosotros mismos y por los demás

Área ciega

Nosotros ignoramos pero es conocido por los demás

Área oculta

Información de uno mismo respecto a sí, desconocido por los demás

Área inconsciente

Aspectos de los que no somos conscientes y que a su vez son desconocidos por los demás

  

El feed-back tiene dos direcciones: por un lado da información técnica de contenido, sobre cómo hacemos las cosas, por otro lado da significado, define la relación. Para dar feedback realmente eficiente:

  1.   destacar las cosas muy bien hechas, concretando en qué
  2.   destacar aquellos aspectos “que se han de mejorar” concretando en qué
  3.   enviar un mensaje dirigido a la relación, nos centramos en el “ser” y en la relación

Sinceridad efectiva: expresamos aquello que pensamos o sentimos teniendo en cuenta hacerlo oportunamente y efectiva porque la información es detallada. Alcanzar este punto de equilibrio es difícil. Algunas personas tienen un filtro de negatividad, solo ven lo que está mal:

“no me ha gustado nada (el qué) y eso que he procurado ser objetivo… pero mira… a veces las cosas salen mal (qué cosas), a ver si la próxima vez lo mejoras…”

O al revés, mucha gente prefiere centrarse únicamente en el mensaje relacional (“felicidades, que bien, me ha encantado”). Expresar “has hecho un buen trabajo” es una caricia y una buena dosis de autoestima, pero para aprender para el futuro nos ayuda más si nos dicen qué es exactamente lo que hemos hecho bien.

Cuando recibimos feedback tendemos a dar explicaciones o quitando importancia o argumentando los diferentes condicionantes que no nos han permitido hacer las cosas. No es necesario, lo que podemos hacer es dar las gracias.

Programación Neurolingüística (PNL):

Enfoque exitoso en la consecución de resultados deseados y más o menos rápidos. Creado por Richard Bandler y John Grinder (1970), se plantearon ¿qué hacen los que hacen las cosas bien? y con la premisa “si un ser humano puede hacer algo, tú también puedes hacerlo”.

Observaron a personas que funcionaban bien en comunicación, creatividad y psicoterapia. Modelaron y diseñaron un conjunto de herramientas y estrategias que posibilitan una relación mayor y más eficaz con uno mismo y con los demás.

P: programación: para cada cosa que hacemos tenemos un programa, nuestros aprendizajes tienen una traducción codificada y ordenada en el cerebro, a medida que se refuerza se convierte en patrones de conducta.

N: neuro: todo comportamiento es resultado de procesos neurológicos, los aprendizajes usan la red neuronal para almacenarse y expresarse.

L: lingüística: expresión, eco, de lo que ocurre en nuestro sistema nervioso, es nuestro instrumento de comunicación (verbal y no verbal).

Presenta un enfoque positivo: toda persona cuenta con los recursos necesarios par alcanzar los objetivos que desea, siendo el aprendizaje su principal recurso. Un error es una oportunidad de aprender algo nuevo.

Si siempre haces lo mismo, siempre obtendrás el mismo resultado. Si lo que haces, no funciona ¡haz otra cosa!

Es una herramienta para el cambio personal, para abandonar hábitos:

 enunciar de forma positiva y específica

 meta alcanzable

 planificar la acción, los plazos, el tiempo

 que no entre en conflicto con otros objetivos

 disponer de recursos

 ¿qué experiencias sensoriales tendré?

Los niveles lógicos.  

Bateson constató cómo en los procesos de comunicación, cambio y aprendizaje existen unas jerarquías naturales. La función de cada uno de los niveles es organizar la información del nivel inmediatamente inferior.

El nivel básico es nuestro entorno o ambiente:

  •      sistema: pertenecemos a sistemas más amplios: familia, comunidad…
  •      identidad, quienes somos, visión de nosotros mismos y de nuestros propósitos
  •      creencias, por qué y para qué de nuestras conductas
  •      capacidades, cómo hacemos, estados y estrategias que orientan
  •      conductas, lo que hacemos, nuestros comportamientos
  •      ambiente, el contexto, el dónde

Las emociones y los sentimientos se encuentran en el fondo de todos.

Los niveles en las conversaciones:

Ejemplo: el que habla desde la identidad “soy un desastre”, el que habla desde el ambiente “podríamos ir al cine”

Las preguntas clave en cada nivel son:

  •      sistema: ¿para qué? ¿quién más?
  •      identidad: ¿quién?
  •      creencias: ¿por qué? valores
  •      capacidades: ¿cómo?
  •      conductas: ¿qué?
  •      ambiente: ¿dónde?

Nos pasamos la vida preguntando ¿por qué?

Todo cambio en un nivel superior modifica aspectos concretos en los niveles inferiores.

Los sistemas representacionales.

Percibir es la interpretación de la información que recibimos a través de los sentidos: vista, oído, tacto, gusto y olfato. Esta experiencia nos la representamos internamente a través de 3 sistemas:

  • visual
  • auditivo
  • cinestésico (tacto, olfato, gusto, sensaciones propioceptivas)

Las personas tenemos un canal preferente. Captamos el mundo prioritariamente por un canal. El canal por el que procesamos la información será el mismo que usaremos para expresarla.

Comunicación: transporte en el espacio (estados de ánimo, pensamientos, conductas…)

Transmisión: transporte en el tiempo (valores, creencias, cultura…) perpetuar la sociedad.

 

beassertive AdministratorKeymaster

Psicologia / Neurociencia

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