Elisabeth Roudinesco, historiadora del psicoanálisis
Tengo 73 años. Soy de París. Soy psicoanalista e historiadora. Estoy casada, no tengo hijos. ¿ Política? Soy de izquierdas. ¿ Creencias? Estudio la función de las religiones en la cultura, sin profesar ninguna. Los científicos no quieren aceptar que no somos dueños de nosotros mismos.

Estudia usted la historia del psicoanálisis…

El psicoanálisis ha evolucionado según cada sociedad y cultura en cada momento.

¿Qué es el psicoanálisis?

Una respuesta humanista al salvajismo de una sociedad depresiva que tiende a reducir al hombre a una máquina puramente biológica, sin pensamiento ni afecto. ¡Una gran aventura individual y colectiva!

¿Colectiva?

Desvela que las sociedades se conducen por pulsiones no siempre racionales.

Ya me parecía…

Y cada individuo puede analizar sus pulsiones inconscientes y exponerlas a la luz de su conciencia: sanará neurosis y será más libre.

¿Eso pretende el psicoanálisis?

Freud fue el primero en entender que la histeria de algunas de sus pacientes expresaba represiones hondas no conscientes, corsés emocionales y sexuales que eran propios de la cultura europea de aquel momento.

Y subió al inconsciente al escenario.

Se tomó en serio los sueños como afloración del lenguaje del inconsciente mientras está durmiendo nuestra conciencia.

Los egipcios ya interpretaban sueños…

Y los hebreos, vea a José en la corte del fa­raón. Freud conocía bien los relatos del Pentateuco, el Talmud hebreo: no se quedó en lo simbólico ni teológico, entendió que detrás latían deseos escondidos. ¡Él fue más allá!

¿Y cómo llegó usted al psicoanálisis?

Mi madre se separó y reemparejó: crecí con tres progenitores, en una familia atípica, en un entorno muy proustiano…

¿Y eso enlaza con el psicoanálisis?

Mi madre era amiga personal de Lacan.

Jacques Lacan, ¿discípulo de Freud?

Así es, y fue el fundador de la escuela psico­analítica parisina.

¿Recuerda usted a Lacan?

Entraba y salía de casa. Yo no le hacía mucho caso. Era un amigo de mamá, sólo eso, y yo recelaba un poco de él, igual que mi padre.

Aquí detecto aspectos analizables…

Después me entusiasmaría su obra. Y tuve que escuchar de labios de mi madre: “¡Ya te lo decía yo, ya te decía que era genial!”.

¿A qué se dedicaba su madre?

Trataba a niños pequeños abandonados por sus padres o afectados por traumas tempranos. Lo sabía todo sobre la psique infantil.

¿Qué idea de Lacan me reseñaría?

Llevo escritos montones de libros sobre Lacan, su biografía incluida, como también la de Freud, para reducirlo todo en una línea.

Insisto, se lo pido por mis lectores.

Ya veo que es usted un periodista ignorante que me entrevista sin saber qué he escrito…

Ignorante soy: ¡ilústreme! Ayúdeme usted a divulgar ahora su visión de Lacan.

¡Qué idiotez! No banalizaré aquí a Lacan, monsieur: ¡para conocerle, hay que leerle!

¿Dejamos aquí esta entrevista, pues?

¿Sabe usted al menos que los nazis quemaron los libros de Freud? ¿Sabe que le hubiesen asesinado, si no llega a huir de Austria?

Terrible, pero…

¡Hablamos de cosas serias, monsieur! ¡No frivolicemos! El psicoanálisis ha sido ferozmente perseguido por todas las dictaduras…

Terrible, pero le pido que…

¡Los nazis pasaron, pero el odio a Freud persiste!

¿Por qué dice eso?

Es la verdad: ¡aún escandaliza mucho saber que no somos dueños de nosotros mismos!

Yo lo tengo ya asumido.

Ahora esto altera mucho a los científicos, igual que antes alteraba a los sacerdotes.

¿Compara la ciencia de hoy con la Iglesia de ayer?

Los científicos tiran el agua sucia –lo que ­está bien– con el bebé dentro –lo que está mal–: ¡incurren en fanatismo, muchos de ellos!

¿Qué les diría a esos científicos?

Que toda pretensión de dar una explicación unívoca a un fenómeno… será fallida.

Es lo que venía a preguntarle: el psicoanálisis ¿es ciencia o es arte?

Ni religión ni ciencia. ¡Jamás dogma! Este pecado ya lo cometió el psicoanálisis: creyó ser explicación única de todo. Y es un pecado que hoy está cometiendo la ciencia.

¿Debería yo psicoanalizarme?

¡No es obligatorio! Yo lo hago, para escla­recer mi inconsciente y conocerme mejor. Pero tú hazlo sólo si tienes muchas ganas. Y hazlo sólo con un muy buen psicoanalista.

Esto es cosa de ricos.

Empezó siéndolo, pero dejó de serlo en los años 60 y 70, ¡y hoy debería ser para todos!

¿Y dedicarle veinte años de mi vida?

¡No! Con dos sesiones semanales, dos años bastarán. Un psicoanálisis inacabable es tan impropio como la actual insistencia psiquiátrica en hipermedicar todas las aflicciones del alma. ¡El ser humano no es sólo química!

Gracias por la entrevista.

¡Basta de esos psicoanalistas que te tienden en el diván y que callan! Son como un burócratas ausentes. ¡Hay que hablar!

Pues si tiene algo más que decir…

Lo diré: es falso que a un niño le perjudique ser criado por una pareja homoparental. Le dañará, sólo, no haber sido amado. Y con ser muy bien amado por una sola persona, ese niño crecerá con una psique sana y salva.

FUENTE: https://www.lavanguardia.com/lacontra/20181024/452530620212/los-nazis-pasaron-pero-el-odio-a-freud-persiste.html

beassertive AdministratorKeymaster
Sorry! The Author has not filled his profile.

Deja un comentario